La respuesta impactante de los gobiernos ante la solución
de la pobreza radica en aplicar políticas populistas y atentatorias contra los
sectores productivos del país. Es decir, que mientras el gobierno atiende las
necesidades de las personas más débiles socialmente, afecta en gran medida a
las personas más fuertes socialmente y de lo que no nos hemos dado cuenta, es
que son los únicos que hacen que el país crezca económicamente.
Cual grande será la reclamación de muchos lectores
al percibir que esta publicación será uno de aquellos editoriales defensores de
tal oligarquía gobernante salvadoreña, neoliberal y que desea que el país se
empobrezca a costa de señores tan explotadores.
Decido hacer esta publicación con tal estilismo de redacción
para aquellos intelectuales que aun consideran que vivir a costa de alguien más
producto de la caridad de aquellos a quienes insulta es la solución al problema
económico de menor escasez mayores necesidades.
No me considero un defensor oligárquico o un
intelectual del neoliberalismo, más bien formo parte de la juventud productora
de este país, con un sentido lógico sobre la economía.
Destacar el desarrollo de mi vida personal no es el
objetivo de esta publicación, sin embargo es el vivir de muchos jóvenes quienes
sabemos que la suerte y la ayuda que necesitamos es cuando la preparación y la
oportunidad se encuentran.
Y cabe destacar que no es sobre aquella ayuda que
esperamos del señor gobierno, sino que es la que hemos encontrado a través de
nuestros propios medios.
Es interesante las políticas gubernamentales sobre
los jóvenes, muchos de los cuales apoyan y exaltan dichas iluminaciones salomónicas
de nuestros funcionarios públicos.
“Que paguen más los que ganan más” reza el hombre
administrador del fondo del robo, digo de impuestos del país. Siendo la clase política
la que registra un sueldo bajo para pagar pocos impuestos, y tan altos viáticos
y dietas que se auto medican evadiendo las responsabilidades fiscales que ellos
mismos han creado.
En ese afán de delegar responsabilidades, los políticos
apuntan a que los responsables del éxito del país, depende de los empresarios únicamente.
Y en parte resulta cierto, debido a que su actividad empresarial de forma
invisible y predeterminada ayuda a la movilización positiva de la economía.
Nuestro gobierno ha creado una política para
aquellos jóvenes que no trabajan ni estudian, una remuneración económica para
realizar pasantías en empresas que se suscriban a esta política.
Los jóvenes consideran que es una política excelente,
la gente pobre y empleada también lo considera excelente. No es de extrañarse,
pues en los países sub desarrollados, es común la mentalidad de empleado y de
recibir a costa de otros.
Soy joven, y soy de los pocos que está en desacuerdo
con esa remuneración económica y lo diré en puntos para que quede un poco más
claro.
1.
¿De dónde sale
el dinero?
Estoy en desacuerdo, porque la remuneración implica que
debamos quitarle dinero a gente que trabaja para sí misma, y regalárselo a
gente que no está trabajando ni estudiando.
Los impuestos hacen que la gente que produce done de
forma obligatoria a la gente que no produce, ¿No hay forma más repugnante de
justicia?
2.
La cultura del “lo
merezco todo”.
Nuestro país esta tan malacostumbrado a hacer que
otro trabaje para obtener ganancias. “El gobierno debe mejorar la educación” “El
gobierno debería darnos todo gratis” “Que los ricos se mueran, nos explotan
mucho” Frases que forman el cliché de la gente que no desea esforzarse por aquello
que desea y solo queda resignarse y culpar a alguien más.
Las personas merecen las cosas, cuando han trabajado
por ello, no solo por existir.
3.
Más empleados.
Las pasantías implican más empleados, y más
empleados significa menos empresas, menos empresas es menos producción, y menor
producción es un déficit económico.
Cabe considerar que más empleados no son el
problema, sino la mentalidad que se espera de estas personas.
Al obtener más jóvenes empleados, creamos jóvenes que
a los pocos años de vida laboral, empezaran a sentirse infelices con sus
puestos, creando ambientes de inconformidad y depresión.
Aparte de ello, cuando veamos a esos jóvenes estar
descontentos con sus trabajos, volverán a pedir al gobierno la ayuda de nuevo,
creando así un círculo vicioso de conformidad y de pereza. Y ni hablar del sistema de pensiones.
Los jóvenes no necesitamos remuneraciones, ni
impulsos, necesitamos un cambio de mentalidad, una motivación que nos haga
trabajar por lo que queremos.
Las obras de caridad son un insulto para aquellas
personas que si trabajaron por sus sueños, se esforzaron y buscaron
oportunidades en donde no se creía encontrar.
El gobierno debería dejar de dar migajas a las
personas, desmotivándolas para alcanzar objetivos bien trabajados con el sudor
y esfuerzo de las personas.
Simplemente, lo digo no por causar controversia o
por defender a oligarcas neoliberales, lo digo porque me interesa mi país, y me
interesa que los jóvenes no vendamos nuestros sueños por un trabajo seguro y un
sueldo fijo.

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