viernes, febrero 05, 2016

Inconsistencias sobre ser alguien en la vida

“Hijo, deseo que estudies mucho, porque cuando crezcas quiero que seas un gran profesional, tengas un buen empleo y un buen salario para que compres lo que quieras, y seas alguien en la vida”

Seguramente esa es la frase más común dentro de las familias pobres, en la que la esperanza del mejoramiento del hogar, recae en aquel niño que apenas ha salido de su noveno grado para entrar al bachillerato general en un instituto nacional. 

Muchas de las personas que poseen ese pensamiento, están ligadas ampliamente con el deseo de “el recibir”; personas que han hecho de su vida, un espacio para poder mendigar ante el éxito de otros para obtener un poco de sus migajas, y con eso sentirse felices.

Para estas personas, ser alguien en la vida, es poder tener lo que uno quiere gracias a un trabajo con un buen sueldo, producto de un título universitario. 

Sin embargo, con la experiencia y alguno que otro dato estadístico revela que cada día, los empleos van disminuyendo, pero los profesionales siguen en aumento.

La masa intelectual, en busca de ser alguien en la vida, se niega a trabajar en empleos comunes, o empleos con bajos salarios. Y aquellos que aceptan el reto de humillarse ante las escobas y accesorios de limpieza, los canastos de tomates, los estantes de ropa o las muestras de supermercado, son ellos los que profesan una inconformidad con el rumbo de sus vidas.

¿Cuál es la causa de esto?

El Estado es el conjunto de personas organizadas jurídicamente para la gobernación de los habitantes de un determinado territorio. Es el encargado de otorgar derechos fundamentales a esos habitantes, a costa de la sumisión al monopolio de las leyes creado por el mismo.

El Estado es un beneficiario del efecto “ser alguien en la vida”. Pues el Estado se alimenta de la pobreza y del deseo de querer seguir delante de sus súbditos.

Los dirigentes de esta organización jurídica, son los que con pequeñas dadivas económicas, incentivan a los pobres e intelectuales, a defender la creencia de las bondades del Estado. Pues es ese sofisma, el que mantiene en el poder a los dirigentes.

¿Cómo ser verdaderamente alguien en la vida?

En primer lugar, hay que reconocer que desde que existimos somos alguien y, por lo tanto, nos debemos de otorgar el lugar que merecemos. Una persona que existe, es alguien en el mundo.

Segundo, el hombre debe comprender que los esfuerzos intelectuales y académicos, no son creados para obtener la riqueza económica que espera, sino su esfuerzo individual en sus labores personales de intercambio. Con esto quiero decir, que si no creyéramos tuviéramos la necesidad de “tener un empleo”, nuestro aprendizaje académico e intelectual, solo seria para abonar a nuestro conocimiento sobre el espacio en que vivimos, y nuestro modo de subsistencia podrá realizarse por la satisfacción de necesidades mutuas a través de un libre mercado.

Tercero, las personas deben olvidar que tienen que depender de alguien, o recibir de alguien determinada remuneración por ser alguien en la vida. El Estado se ha encargado de trabajar este aspecto, pues mientras más se obliga a sostener a las personas, mas sumisión solicita de parte de las mismas. Por lo tanto, la gente por pequeñas dadivas asistencialistas, vende su libertad e independencia.


Finalmente, cuarto. Es necesario aprender a dar más que a recibir. Cuando se está esperanzado a recibir algo por el simple hecho de existir, esa esperanza, buscando la estabilidad en esta vida, al final se convierte en más pobreza. Pues el hombre que baila por un par de centavos, termina entregando su libertad, su estabilidad y su felicidad.

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